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Galia Moss en
el Colegio Williams |
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“Es increíble
ver cómo un sueño se convierte en realidad”
Galia Moss
es la primera
mujer que cruzó el Atlántico en recorrido solitario. Su hazaña
es un aliento para quienes luchan por hacer realidad sus sueños.
Cuarenta y un
días pasó en su barco “El Más mejor” con quien platicaba, al igual que
con las ballenas, aves
y delfines que
se cruzaron en su travesía que inició en España y terminó en costas
mexicanas.
Galia
compartió sus experiencias con
estudiantes de secundaria y preparatoria del Colegio Williams.
Con sencillez narró los obstáculos que tuvo que vencer para lograr
concretar su deseo. Desde
la negativa de sus padres, buscar financiamiento, prepararse
física y psicológicamente,
hasta convencerse a sí misma y a su familia de que tenía la
capacidad para realizarlo con éxito.
Su ilusión
por recorrer el océano despertó en Boston, cuando conoció los veleros y
se identificó con el
mar y el viento que la llamaron a la aventura.
El 24 de
abril del 2006, rodeada de su familia, amigos y medios de comunicación,
zarpó
de Vigo España rumbo al mar Caribe de Cancún. Su velero “El Más
Mejor” desplegó sus alas y Galia, llena de alegría, inició su arduo
trabajo de naviera solitaria.
“Conocía
perfecto mi ‘casa’ flotante, me había acostumbrado a ella habitándola
con anticipación. Quería, -explicó-,
que nada me
sorprendiera, reconocer cualquier sonido, dominar sus dimensiones,
colores, sonidos. Así que la habité el tiempo suficiente para que ambas
nos conociéramos, antes de partir.”
De
Ganó el
primer lugar de
Sumaba a
esta preparación su disciplina física y mental: maestra de gimnasia
olímpica, instructora de yoga y practicante de meditación, contaba con
un tesoro para
afrontar los peligros de su aventura.
Muchas
anécdotas impactaron a maestros y estudiantes de nuestro Colegio,
entre ellas la
del rigor en sus tiempos de dormir, pues cada veinte minutos tenía que
estar despierta, salir a la borda y asegurarse de que ninguna
embarcación estuviera cerca. La disciplina de los veinte minutos obedece
a que, en caso de que se encontrara con otra embarcación, tendría tiempo
justo para virar y no sufrir un accidente. Así que cada veinte minutos
su despertador interno
ahuyentaba el
sueño y la llevaba a estar alerta y otra vez a dormir, así durante la
noche y el día.
“Solamente en una ocasión me quedé dormida tres horas
seguidas, fue terrible, hubiera podido sufrir un accidente.
No volvió a
suceder.”
Galia demostró que llevaba adiestrada
la voluntad.
Contó que
una noche escuchó el golpeteo de una antena que se desprendió del
mástil. Esto no tenía consecuencias prácticas, pero no la dejaba
descansar. Subir hasta el mástil era un reto, que le costó vencer. Tenía
la conciencia clara de que dependía de sus propias fuerzas, nadie podría
hacerlo por ella. Así que un día amaneció decidida y subió, ató la
antena y sintió que su vida se había fortalecido.
Leer el
diario que escribió durante la travesía, publicado en Google, a la que
puedes acceder escribiendo el nombre “Galia Moss”, es una delicia.
Describe cada día, tarde y
noche sus
estados de ánimo, los paisajes y plática que sostuvo con una ballena
enorme que la acompañó un tramo y a la cual convenció para que se
alejara y no fuera a voltear a “
La travesía
puso a prueba sus conocimientos de náutica, aviación, yoga, composición
musical, gimnasia, escritura. Diariamente se
comunicaba por
Internet con sus parientes y amigos,
y mantuvo correspondencia con quienes le enviaban correos y la
alentaban a continuar.
A la
aventura maravillosa se sumó la labor social que realizó, pues Televisa,
quién financió el proyecto de Galia Moss,
donó, por cada
ocho millas náuticas recorridas, una casa para familias necesitadas.
Cuando
arribó a playas caribeñas, fue recibida en
Ixcaet. Sus
primeras palabras fueron “Es increíble ver cómo un sueño se convierte en
realidad”
Gracias Galia
por darnos la certeza de que los sueños, cuando se construyen, se
convierten en realidad.
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