Galia Moss en el Colegio Williams

 

 

 

 

 

 

“Es increíble ver cómo un sueño se convierte en realidad”

Galia Moss es la primera  mujer que cruzó el Atlántico en recorrido solitario. Su hazaña es un aliento para quienes luchan por hacer realidad sus sueños.  Cuarenta y un días pasó en su barco “El Más mejor” con quien platicaba, al igual que con las ballenas, aves  y delfines que se cruzaron en su travesía que inició en España y terminó en costas mexicanas.

Galia compartió sus experiencias con  estudiantes de secundaria y preparatoria del Colegio Williams. Con sencillez narró los obstáculos que tuvo que vencer para lograr concretar su deseo.  Desde la negativa de sus padres, buscar financiamiento, prepararse  física y psicológicamente,  hasta convencerse a sí misma y a su familia de que tenía la capacidad para realizarlo con éxito. 

Su ilusión por recorrer el océano despertó en Boston, cuando conoció los veleros y se identificó con el  mar y el viento que la llamaron a la aventura.

El 24 de abril del 2006, rodeada de su familia, amigos y medios de comunicación, zarpó  de Vigo España rumbo al mar Caribe de Cancún. Su velero “El Más Mejor” desplegó sus alas y Galia, llena de alegría, inició su arduo trabajo de naviera solitaria.

“Conocía perfecto mi ‘casa’ flotante, me había acostumbrado a ella habitándola con anticipación. Quería, -explicó-,  que nada me sorprendiera, reconocer cualquier sonido, dominar sus dimensiones, colores, sonidos. Así que la habité el tiempo suficiente para que ambas nos conociéramos, antes de partir.”

De 2001 a 2004 participó en diversos concursos: Tripulación Mujeres, Regata de invierno Israel y en la Travesía Barcelona- Port Camage, en Barcelona- Ibiza.

Ganó el primer lugar de la Copa Pro Valle de Bravo, México. Realizó la Travesía Honolulú- Newport, Bermuda- Newport y participó en la Copa Día de la Marina en Valle de Bravo, México obteniendo premios y distinciones.

Sumaba a esta preparación su disciplina física y mental: maestra de gimnasia olímpica, instructora de yoga y practicante de meditación, contaba con un tesoro  para afrontar los peligros de su aventura.

Muchas anécdotas impactaron a maestros y estudiantes de nuestro Colegio,  entre ellas la del rigor en sus tiempos de dormir, pues cada veinte minutos tenía que estar despierta, salir a la borda y asegurarse de que ninguna embarcación estuviera cerca. La disciplina de los veinte minutos obedece a que, en caso de que se encontrara con otra embarcación, tendría tiempo justo para virar y no sufrir un accidente. Así que cada veinte minutos su despertador interno  ahuyentaba el sueño y la llevaba a estar alerta y otra vez a dormir, así durante la noche y el día.  “Solamente en una ocasión me quedé dormida tres horas seguidas, fue terrible, hubiera podido sufrir un accidente.  No volvió a suceder.”  Galia demostró que llevaba adiestrada  la voluntad.

Contó que una noche escuchó el golpeteo de una antena que se desprendió del mástil. Esto no tenía consecuencias prácticas, pero no la dejaba descansar. Subir hasta el mástil era un reto, que le costó vencer. Tenía la conciencia clara de que dependía de sus propias fuerzas, nadie podría hacerlo por ella. Así que un día amaneció decidida y subió, ató la antena y sintió que su vida se había fortalecido.  

Leer el diario que escribió durante la travesía, publicado en Google, a la que puedes acceder escribiendo el nombre “Galia Moss”, es una delicia. Describe cada día, tarde y  noche sus estados de ánimo, los paisajes y plática que sostuvo con una ballena enorme que la acompañó un tramo y a la cual convenció para que se alejara y no fuera a voltear a “La Más mejor”. En la misma página puedes leer la cantidad de delfines que rodearon su navío, aves y  tortugas. Pero también te cuenta de atardeceres y madrugadas en donde el sol,  la luna, las estrellas, el rugido del viento se cargan de vida, siendo sus interlocutores. Aprendió el valor de  la soledad,  descubrió que se caía bien a sí misma y que podía vivir con ella durante mucho tiempo sin aburrirse. El diario es un diálogo intenso, de quien  sabe usar sus capacidades para triunfar.

La travesía puso a prueba sus conocimientos de náutica, aviación, yoga, composición musical, gimnasia, escritura. Diariamente se  comunicaba por Internet con sus parientes y amigos,  y mantuvo correspondencia con quienes le enviaban correos y la alentaban a continuar.

A la aventura maravillosa se sumó la labor social que realizó, pues Televisa, quién financió el proyecto de Galia Moss,  donó, por cada ocho millas náuticas recorridas, una casa para familias necesitadas.

Cuando arribó a playas caribeñas, fue recibida en  Ixcaet. Sus primeras palabras fueron “Es increíble ver cómo un sueño se convierte en realidad”

Gracias Galia por darnos la certeza de que los sueños, cuando se construyen, se convierten en realidad.